La Habana Patrimonio de la Humanidad

noviembre 12, 2012

Por: Eusebio Leal Spengler

Foto Christian Torres

El triunfo de ese expediente (Declaración de la Habana Vieja y su Sistema de Fortificaciones como sitio de Patrimonio Mundial), presentado en el Comité Internacional de la UNESCO que hace estas evaluaciones, fue el resultado de un trabajo previo muy fundamentado, en el cual se explicaban las acciones que el país había tomado en defensa del patrimonio nacional. No olvidemos las leyes números 1 y 2 de la República, promovidas por la Dirección del Patrimonio Nacional del Ministerio de Cultura, que marcaron la importancia y el interés del país en la preservación de su memoria histórica y de su legado material e intangible.
Posteriormente, vamos a ver cómo, por parte de la Comisión Nacional de Monumentos, presidida por Antonio Núñez Jiménez  –una figura tan importante en la geografía y en la historia patrimonial, arqueológica y espeleológica de Cuba– las siete villas son declaradas Patrimonio Nacional, Monumento Nacional. Estas mismas siete villas que ahora sucesivamente han comenzado, a partir de Baracoa, a celebrar sus 500 aniversarios de fundación española.
La prensa ha anunciado el descubrimiento en Baracoa de una serie de piezas muy importantes, taínas. Esto siempre nos llama la atención sobre que hay un punto antes de la conquista española que no podemos desconocer; al contrario, debemos subrayar, acentuar y poner en valor. Esto implica que casi todas las ciudades fundadas, casi todas las villas, esos primeros campamentos colonizadores europeos, hispanos, se asientan sobre territorios indígenas. De ahí Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, San Salvador del Bayamo, Santa María del Puerto de Príncipe (el Camagüey), y particularmente, en este caso, San Cristóbal de La Habana.

Castillo de los tres Reyes del Morro / Foto Christian Torres

La declaración de Patrimonio de la Humanidad fue una reafirmación no solamente de la voluntad, sino de los hechos de Cuba con relación a su patrimonio. Y en el momento que esto ocurre, ya existía una asimilación por parte de los que trabajábamos, desde hacía mucho tiempo en estas cuestiones, de un legado previo, del legado previo de los historiadores, arquitectos, investigadores, que sobre el caso particular de La Habana hicieron una obra inmensamente meritoria. Me voy a referir, desde luego, a mi predecesor, el Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, y al arquitecto Joaquín Weiss, por solamente citar el campo de la historia, de las ciencias sociales, y el campo de la arquitectura, ya que La Habana, entre otras cosas, va a reunir estos dos elementos fundamentales.
Cuando se hace esta declaratoria, comenzábamos un proceso. Hoy Cuba tiene numerosos sitios declarados Patrimonio Mundial: reservas de la naturaleza y de la biosfera, paisajes culturales importantes; y se suman a lo que en un momento fueron Trinidad y el Valle de los Ingenios, La Habana y el sistema de fortificaciones creadas para su defensa, San Pedro de la Roca, el Morro de Santiago de Cuba, por ejemplo; los cafetales de Guantánamo, el Centro Histórico de Camagüey, el Centro Histórico de Cienfuegos, por citar algunos ejemplos.
Entonces, creo que hoy existe una conciencia más amplia –algo  en lo que se ha trabajado mucho para crear–,  una conciencia más certera en la población del carácter patrimonial de su ciudad, no solamente del Centro Histórico. La patrimonialidad de La Habana desborda con creces el Centro Histórico, y existe también una gran preocupación por su preservación, por la ciudad, por el Centro Histórico y por que no aumente, más bien que se detenga, la degradación urbana, la descalificación de los espacios públicos. Hay esfuerzos que hay que reconocer como meritorios en esta dirección, pero todavía son insuficientes.

Castillo de San Salvador de La Punta / Foto Christian Torres

Yo quisiera en este día recordar muy particularmente a la Dra. Marta Arjona, que jugó un papel muy importante en esa defensa internacional del tema. Yo pienso que sería grave ignorarlo.
No voy a negar que en todo el mundo, la UNESCO reconoció como una experiencia singular el proyecto de manejo y gestión del Centro Histórico de La Habana, basado esencialmente en el Decreto 143 de octubre de 1994, resultado de la voluntad del Estado, de la voluntad política y del diseño personal que el compañero Fidel realizó en varios días de trabajo en que me consultaba, en que trabajamos sobre el documento que habíamos presentado. Él lo rectificó, lo cambió, lo modificó, creando un modelo muy importante, basado en la experiencia que ya teníamos, cuyo discurso fundamental es que en países como los nuestros no se puede pretender hacer un desarrollo monumental aislado de la cuestión social y del desarrollo comunitario, sobre todo en la ciudad habitada.
El caso de La Habana es un paradigma. Es un trabajo de equipo multidisciplinario. Se venció la idea de que era un tema solo de arquitectos, o de historiadores, o de arqueólogos; se vio claramente que en esta mirada de largo alcance hacia el pasado y hacia el futuro, en dos direcciones, era muy importante, por ejemplo, la comunicación social. Esta es la razón de ser de Habana Radio, de Opus Habana, de la programación cultural, de Ediciones Boloña, de las Rutas y Andares; es decir, comunicar a los demás, a través de la palabra viva y todas las formas de seducción posibles, la idea de que es necesario que todos participen. Esta es una cuestión fundamental.

Vista de la Avenida del Puerto / Foto Christian Torres

La segunda, a partir de esa multiplicidad de visión, abordar la cuestión de población en riesgo, el tema de la vivienda, las cuestiones de género, la protección particular de la infancia y de la ancianidad, pensar en el tema de los minusválidos. Miren, ahora en la Plaza de Armas hemos establecido, gracias a nuestra cooperación internacional, un sistema de información en la Plaza. Ojalá que nadie lo rompa ni lo vandalice ni lo dañe, porque es una cosa además muy costosa. Y se ven cosas como estas: actos vandálicos gratuitos, actos de rencor contra la belleza, que es tan importante. Como decía, allí se ha hecho un proyecto de información en idioma castellano, en idioma español –es nuestro idioma–, pero también en Braille: por vez primera los débiles visuales y las personas que tienen dificultades enormes, o que sencillamente no ven, pueden tocar aquellas pantallas que se han colocado y recibir una información.
Proyectos como estos, que se materializan en el Planetario Astronómico, en el Centro de Asistencia Social de Belén, en nuestro Centro de Alzheimer, en el Centro de Niños Discapacitados, en el discurso de la construcción de nuevas viviendas fuera y dentro del Centro Histórico, con todas las problemáticas nuevas que eso implica, es lo más interesante –yo diría– de este discurso, sin que se descuide de ninguna manera lo más importante, que es la protección del patrimonio inmaterial, la memoria colectiva, la dignificación de la vida urbana.
Ayer, por ejemplo, iba por la Quinta Avenida, y delante iba un automóvil, y una niña abrió la ventanilla y tiró una lata hacia un jardín recién podado. Y yo decía: “Bueno, esta es una cuestión en la que la niña es totalmente ingenua; el problema es de los padres”.  Pero es que esa escena se repite continuamente, y supone un acto de desprecio muy cruel, de insensibilidad muy grande con el trabajo de la ciudad, con el embellecimiento de la ciudad que nos es indispensable. Porque, si no fuese así, viviríamos en poco tiempo en un bosque de ruinas que ni siquiera sería digna de ser considerada una cuestión arqueológica; sería una memoria innoble del pasado. Y eso no es lo que quieren los habaneros; no es lo que me dicen en la calle cuando me saludan, cuando los niños quieren retratarse. Esos grupos representan una minoría, pero una minoría terriblemente agresiva.
O cuando empiezan a surgir, por falta de consejo profesional y por toda una serie de limitaciones burocráticas que hay que eliminar resueltamente, ese tipo de construcciones no aconsejadas, en las cuales la prosperidad se manifiesta de una manera tan ridícula, tan degradante, tan desagradable, tan repetitiva. Ni siquiera se puede comparar con la arquitectura de las hormigas, porque la de ellas es notabilísima. Se trata –pienso– de una colmena descabellada.

Basílica Menor de San Francisco de Asís / Foto Christian Torres

Yo no puedo ser solamente el aeda, el cantor de las maravillas; tengo que decir la realidad. Y la realidad que hoy enfrentamos es que necesitamos que se mire más allá. El concepto del Centro Histórico es siempre un concepto de punto de partida, de una centralidad que está compartida con La Rampa; está compartida con Guanabacoa, con Regla, con distintos barrios de La Habana, todos los cuales conforman un discurso de singularidad para la capital de Cuba, que la hacen una ciudad única en el mundo.
Hay que trabajar mucho; diría que hay que trabajar rabiosamente. En el Malecón, por ejemplo, trabajamos contra la naturaleza, contra el mar, contra los que después que tú terminas de restaurar colocan una tendedera clavando las paredes que cuidadosamente unos restauradores han recubierto de estuco. Sin embargo, acabo de enviar un ramo de flores a una anciana que vive en una casa del Malecón, que ha colocado en su balcón tiestos con flores, y ha colocado el día de fiesta una bandera cubana. Me parece que eso debe ser premiado.
O lo que se hace, por ejemplo, hoy en la Plaza del Ángel, donde hay una revolución comunitaria, donde la gente finalmente se da cuenta de que tiene que cuidar su ciudad. Y es que la Oficina está para estimular, para llevar adelante.
Podría decirte muchas cosas. La visión mía siempre es optimista. El juicio que se pueda hacer sobre malas conductas o sobre lo que queda por hacer, bajo ningún concepto eclipsa mi trabajo y el de mis colaboradores, que son la inmensa mayoría.
Ahora mismo trabajamos ya –se pueden ver los andamios– en el Capitolio. Para el año que viene será una realidad el Teatro Martí, que es un lugar bellísimo, el teatro de la ciudad que lleva además ese glorioso nombre. Trabajamos, también, en la Colina Universitaria, en el cementerio de la ciudad, en el Malecón.
Te pongo un ejemplo: el monumento mal colocado del Mayor General Calixto García, en un lugar muy difícil, en uno que fue un relleno del mar, y este vuelve siempre por su espacio. Cada invierno el jardín es destruido, ¡cada invierno! Pues bien: en estos últimos tres meses, el mar volvió en forma de nortes y destruyó tres veces los jardines, y tres veces los hemos vuelto a plantar; al día siguiente de la ruina hay que volverlos a plantar. Esa es la única fuerza salvadora: perseverar, continuar, educar.

17 de septiembre de 2012

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