“Un autor con mayúsculas”

noviembre 21, 2012

Por: Foto: Alexis Rodríguez

La Dra. María del Carmen Barcia en el espacio El Autor y su Obra

Buenas tardes a todos:
Para Eusebio Leal, que ha recibido tantos homenajes, este pudiera ser uno más. Sin embargo, como es un espacio que convoca esencialmente a amigos, me parece que para él debe ser una reunión muy agradable. Para mí, haber sido escogida para hablar de su obra y de él es de cierta manera un honor.
Por lo general, El Autor y su Obra, se dedica al análisis de la obra escrita, y hasta donde conozco se ha usado esencialmente para conversar sobre escritores de libros, bien de Literatura, bien de Historia, o bien de obras científicas de otro corte. El término autor permite, sin embargo, además de la acepción referida al escritor, otras múltiples; es decir, es un término que puede ser calificado como polisémico, porque es autor el que causa o produce algo, que inclusive puede ser de índole diversa.
Nuestro interés en este sentido es solo destacar que ciertamente Eusebio Leal no se ha limitado a escribir libros o artículos, sino que ha promovido la educación, el arte, la divulgación, y en la actualidad es en nuestro país la más alta representación de la lucha por la conservación del patrimonio, tanto del edificado como del espiritual.
Su obra desde los tempranos ‘60 ha sido recopilada por Aracely García Carranza y su hermana Josefina, y como ustedes han podido apreciar alcanza tres tomos hasta el año 2000, así que muy poco pudiera añadirse a esa exhaustiva recopilación.
De una u otra manera, he compartido espacios con Eusebio desde el año 1975. Hasta ese momento nuestras trayectorias fueron muy diferentes en el aspecto académico, pero no así en el revolucionario. Y es que precisamente en ese año llegó a la Universidad de La Habana una solicitud, la suya, para cursar la carrera de Historia. Yo dirigía entonces esa Escuela, y debí ser consultada. No existían títulos idóneos para avalar su intención, pero como todo pasa por el ser humano y las decisiones son muy importantes para la vida de los hombres y de las mujeres, y hay que ser amplios en estas, se tomó la providencia de convocar a un Tribunal Especial. Y así se hizo. Y de esta manera se formalizó algo que en la práctica era un hecho, porque ya Eusebio Leal era en esos momentos un historiador profesional, dedicado a su trabajo, que había impartido cientos de conferencias de distinto corte, que había trabajado personalmente en la restauración del patrimonio edificado en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, y que además lo había convertido paulatinamente en un museo.
Veintidós años más tarde, tuve el privilegio de formar parte de su tribunal del Doctorado. Lo presidía el doctor Enrique Sosa y yo era la secretaria. Su tema fue El diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes, una de las muestras más preciadas de su interés por preservar el patrimonio patriótico de nuestro país.
También tuve en algún momento la suerte de localizar un documento de su pasado familiar en el archivo de Sevilla; pero esa es otra historia, más biográfica que autoral, y no viene al caso.
Si tuviera que resumir, como creo debo hacerlo en una actividad de este tipo, el quehacer de Eusebio Leal Spengler como autor, habida cuenta de que su obra es sumamente variada y compleja, lo haría partiendo de tres aspectos esenciales: su labor patrimonial, su labor divulgativa y docente y su labor humana. La primera es evidente, pues el escenario de La Habana Vieja es un exponente de sus resultados. En 1960 se habían conservado, gracias al interés de Emilio Roig de Leuchsenring, algunos edificios y monumentos, pero quedaba mucho por hacer. Años antes inclusive, la ciudad estuvo amenazada de convertirse en un emporio dedicado al juego, como lo fue luego Las Vegas.
En la actualidad los habaneros, que tenemos poco de qué contentarnos en lo que se refiere al estado de nuestra ciudad, muy maltrecha en sus distintos barrios, contamos al menos con una vieja Habana, conservada gracias a su iniciativa, a su labor, a su dedicación y a un esfuerzo que en ocasiones ha resultado sobrehumano.
Pero las intenciones de esta obra patrimonial, que ha convertido el recinto habanero en Patrimonio de la Humanidad, y su intención se han extendido a otras ciudades como Camagüey, Cienfuegos, Trinidad y Santiago de Cuba. Mucho ha tenido que ver la proyección de Eusebio en esos resultados y también en que se estableciera el Decreto 143 para ayudar a la tarea habanera.
La Habana Vieja se ha convertido, además, en un reservorio de patrimonio espiritual, y Leal es el que ha imaginado esas actividades. En sus espacios se hacen conciertos, se promueven danzas callejeras, se organizan y presentan espectáculos teatrales, se exponen manifestaciones de artes plásticas, se abren los salones de bibliotecas como la “Rubén Martínez Villena” y la “González del Valle”; se sostienen archivos como el de la Oficina del Historiador de la Ciudad, y hay casas dedicadas a grandes figuras de nuestra América, como las de Benito Juárez y Bolívar, o a colectividades humanas como la de los árabes, la de África y la Hispanoamericana de Cultura, o a producciones como la perfumería, el chocolate, el café, el más autóctono ron, o centros como el gabinete de arqueología, que ha permitido el desarrollo sostenido de una ciencia que no había encontrado espacio en nuestras universidades.
La Habana Vieja es una ciudad viva y culta, que educa en el más amplio sentido del término a sus residentes y a todos los sujetos, cubanos o no, que se acercan a ella.
El segundo aspecto que quisiera destacar como autor es su obra divulgativa y docente. Eusebio es un gran comunicador y un excelente orador, capaz de llegar a los niños, a la gente común, y también de asombrar con su erudición a los más cultos. Son incontables las conferencias que ha impartido en Cuba, en el mundo, en numerosas ciudades de Europa, de Asia, de América Latina y del Caribe que han sido testigos de ello.
Usando los medios de comunicación masiva, ha grabado un programa paradigmático: “Andar la Habana”; ha fundado una emisora radial, Habana Radio, muy escuchada por su excelente programación; ha construido una revista de gran calidad, Opus Habana, que muchos coleccionamos y que ha alentado a otras como la camagüeyana Senderos. Tal vez lo más significativo de esta actividad cultural sea su programa veraniego, que conduce a niños, jóvenes, ancianos, familias enteras, por diferentes vericuetos de la ciudad. Rutas y Andares es tal vez la más popular de todas las actividades vacacionales habaneras, culmina con premios a los asiduos, y muchos los entrega el propio Historiador.
Los aspectos docentes, con un uso público más limitado desde el punto de vista informativo, son sumamente importantes. Eusebio imaginó la iniciativa de convertir en aulas los museos de La Habana Vieja cuando las escuelas tuvieron que ser reparadas, y los niños aprendieron mucho más, y también los maestros, porque estaban en un espacio que les transmitía una cultura no escolarizada, pero esencial.
Otro logro premonitorio, que en la actualidad trata de ser imitado por sus resultados, fue la creación de la escuela-taller “Gaspar Melchor de Jovellanos”, que ha recuperado oficios y profesiones perdidas, y ha encauzado a cientos de jóvenes que habían cerrado sus estudios con el nivel medio de enseñanza.
También está el Colegio Mayor de San Gerónimo de la Universidad de La Habana, que no solo proyecta estudios de pre-grado, al titular Licenciados en Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural, sino que cuenta con un Doctorado colaborativo con la Universidad de Granada, con un Diplomado en Antropología con la Universidad Católica de Murcia, y con una Maestría en Estudios Patrimoniales. Eusebio Leal imaginó ese centro y ha sido su gestor, y también es su decano.
El tercer aspecto autoral, tal vez el menos divulgado, es sin embargo el más trascendente desde el punto de vista humano. Nos referimos a la labor social que se desarrolla en la ciudad. Desayunos para ancianos, atención humana y de salud en el Convento de Belén, un centro para las embarazadas, programas para la vacunación de los animales afectivos que pululan por las calles citadinas, y muchas otras cosas que seguramente yo debo ignorar.
Yo hubiera podido hablar hoy, como historiadora, del Diario Perdido de Carlos Manuel de Céspedes, porque también Eusebio ha recuperado obras patrimoniales, y este libro constituye un paradigma de esos intentos.
Podría haberme referido a lo que expresó la doctora Hortensia Pichardo, “cespedista” mayor, sobre esta obra. Y también señalar que El Diario… recoge la vida de un hombre, patriota insigne, pero lo muestra en todos sus aspectos humanos, que son los que en definitiva hacen que otros comprendan que las luces y las sombras se complementan y no disminuyen a los grandes de la historia. Pero hice algo distinto, porque lo cierto es que estamos en presencia de un autor con mayúsculas, y por eso muy especial, que ha producido cultura, que ha trabajado incansablemente para que la identidad nos parezca prestigiosa, y que ha construido una obra perdurable, que va mucho más allá de la escritura, de la docencia o de la divulgación, porque entronca con el sentimiento más profundo de la cubanía.

Muchas gracias.

Eusebio LealHistoriaMemoriaOficina del HistoriadorPatrimonioRestauración

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Historiador de la Ciudad de La Habana 2011
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